Amparo Baró: “El teatro me parece más fácil que la TV”

–¿Es cierto que ni los actores saben a ciencia cierta cómo acaban las tramas de El internado?
–Creo que en algunas ocasiones está bien que no lo sepamos, porque, si no, podríamos dar pistas sin querer, sobre si este es bueno o es malo. Es mejor no darlas: así continúa el suspense sobre los personajes.

Su personaje, sin embargo, es clave, porque ha sido testigo de todo.
–Sí. Jacinta ha estado siempre aquí, y tiene información desde que esto era un orfanato, de lo que ocurrió con muchos críos, que desaparecieron, fueron adoptados u otras cosas que deben ser más terribles todavía.

–¿Jacinta va a apoyar a los chicos jóvenes en su búsqueda?
–A mí, como Amparo, sí me gustaría que Jacinta diera ese vuelco, pero esta temporada tiene un problema muy serio, que no es fácil de solucionar, porque incluso le han llevado a juicio acusada de asesinato.

–Naturalmente, el final no se puede saber…
–No crea que no se lo digo porque no quiero. Es que no lo sé.

–¿Cómo se desarrolla un personaje que dura tantos capítulos?
–Hay que planteárselo poco a poco. En el cine tampoco tienes la intensidad que tienes en un escenario. Hacer una obra de teatro, para mí, me parece mucho más fácil que hacer cine o televisión. Será porque yo he hecho mucho teatro. A mis 71 años, he trabajado con los grandes maestros, y poco a poco te vas entrenando. En este oficio, que no es mágico, por supuesto, sino que se trata de trabajar, como en cualquier otro, no hay ningún misterio. Solamente tienes que estar entrenada para que las propias pistas que te da el personaje las conviertas en algo que pueda aparecer como realidad. Ayudada por el director, por supuesto, y por el resto de los actores.

–Trabaja con muchos actores jóvenes. ¿Qué le gustaría enseñarles?
–Me gustaría repetirles todos los días que tienen que estar muy seguros de que quieren ser actores. Cueste lo que cueste. Que no crean que esto es muy divertido, aunque lo sea de vez en cuando, sino que se consigue a base de aprender y aprender, de practicar, de escuchar, de ver, de leer, de escribir, de vivir… Esto es un aprendizaje que a mí me ha durado más de 50 años. Y aún sigo aprendiendo, porque no te puedes quedar estancado. Si ahora puedo hacer personajes distintos es porque poco a poco he ido aprendiendo cómo hacerlos. Por eso hay que querer de verdad ser actores, no famosos.

–¿Son parecidos los incentivos de los que empiezan ahora que los que tuvieron los de su generación?
–En absoluto. Ahora son inmensamente más grandes. Un actor joven que entra en la serie consigue, no solo alicientes crematísticos que ni se hubieran soñado en mi época, sino que tiene a su favor que va a ser conocido inmediatamente. Que te vean cuatro millones de personas en un día no se puede comparar con hacer una obra de teatro. Para que te vea esa gente puedes tardar unos 40 años. Los que ahora empiezan tienen más facilidades. Por eso les pido que, de verdad, quieran ser actores.

–¿Y qué aprende de los jóvenes?
–La espontaneidad. Cada vez me gusta más la gente joven, a diferencia de cuando yo lo era, que prefería una charla con Milagros Leal o José María Rodero a una con alguien de mi edad, que no me aportaba nada. Los jóvenes me aportan una idea de estar moderna y viva, y creo que me estoy adaptando muy bien. Aprendo de la naturalidad que hay en ellos.

Fuente- elperiodico.com

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